Marc Martínez

Si bien es cierto que la política catalana siempre ha vivido bajo un cierto espejismo político desde los inicios de los comicios autonómicos, y más propiamente dicho, desde la llegada de Pujol al trono de hierro, no cabe lugar a duda que en los tiempos coetáneos el Oasis en el espectro catalán esta de vuelta con más fuerza que nunca.

El ejemplar del Oasis Catalán (Casals: 2010) ilustra una contextualización del escenario político catalán con un recorrido histórico lineal hasta el inicio de la crisis de partidos en Catalunya, suponiendo un punto y a parte que al parecer ha retomado Culla en El tsunami para analizar las secuelas del actual sistema de partidos catalán.

El pujolismo, las relaciones entre Catalunya y España y el descontento de la sociedad catalana han producido una alteración significativa desde 1980, pasando de unas expectativas inicialmente comunistas y democratacristianas a una realidad de impacto protagonizada por el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) y Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) –incluida en la federación CiU desde 1980 hasta 2015–, los cuales sustentarían las bases de los pilares de los gobiernos venideros junto con una Esquerra Republicada de Catalunya (ERC) al alza.

No es hasta la legislatura de 2003 cuando el tripartito pone fin a la hegemonía de CiU ante un Pujol que aún siendo la fuerza más votada, tuvo que ceder dado que su discurso caduco empezaba a reflejar la perdida de votos que se fugaban a ERC.

La sucesión de estos hechos muestran el corolario del actual clima catalán, dado que el cambio de discurso de Pujol por uno más catalanista, el No al Estatut por parte de ERC o las dificultades del PSC para no contradecir las actuaciones del PSOE respecto a las relaciones entre Catalunya y España suponen un giro en la concepción parlamentaria catalana reflejando a un PP en auge o por el contrario, a una cara renovada del PSUC – federación ICV– que se vería amainada una vez finalizado el tripartido.

No es pues casualidad, que esta cocina parlamentaria, fuese creando a fuego lento un descontento en la población, una tensión entre las relaciones con el gobierno central español, fruto de los resultados del Estatut y una serie de movilizaciones sociales que reivindicarían los destapes de corrupción y la falta de presunción de inocencia de ninguno de los partidos de la vieja política.

A tenor de esta tesitura, las comparaciones con el modelo italiano o la emersión de nuevas alternativas políticas con el fin de abarcar espacios del eje político supusieron un matiz populista que dio entrada a los primeros marcos de actuación por la independencia y también, como polo opuesto, a una catalanofobia por parte “dels països veïns” –Aragón, Islas Baleares y Valencia.

Con todo ello, nos encontramos ante una actualidad política la cual en el transcurso de estos últimos 30 años, ha ido asentándose unos cimientos en el espectro catalán que finalmente han deparado un completo oasis catalán fruto de una ilusión percibida que ha topado su cumbre con un espejismo del bloque nacionalista que no ha parado de dar golpes de calentamiento en el ring ante un gobierno central que todavía se encuentra sentado en la esquina del cuadrilátero y ante un árbitro que llama al respeto de las normas y al diálogo.

No obstante, este espejismo parece ser que ha ido clarificándose más, y aquellos que parecían ser las soluciones al aparente maltrato por parte del gobierno español  se encuentran a instancias de demanda de prisión por parte de la Fiscalía por casos de corrupción o a expensas de condena por el 9-N bajo un papel de mártires. Todo ello da lugar a una serie de planteamientos que con el tiempo determinarán si todos son lobos bajo pieles de cordero o si realmente era una estrategia de estirar de la cuerda para lograr mayores ventajas fiscales. No obstante, a veces el remedio es peor que la enfermedad, y las jugadas del establishment han provocado que haya gente que realmente piense que existe un oasis, lo que derivará a pensar como decirles a toda esta gente que sólo se trataba de un espejismo.